El adivino
LA VANGUARDIA
18 febrero, 2018

Esta semana, en un en­cuentro con empresarios del sector turístico en Palma de Mallorca, a la hora del coloquio un directivo levantó la mano y me preguntó cómo veía el futuro económico de cara al turismo

Añadió: “Lo pregunto porque la semana pasada asistí a la conferencia de un economista que me dejó planchado. Expuso un horizonte negro, con escenarios de crisis aguda y grandes proble­mas. Y, la verdad, estoy ahora preocupadísimo”. Fue muy poco ortodoxo, pero le recomendé un libro de los que no suelen recomendarse en un foro empresarial. Le recomendé un cómic: El Adivino, de la colección Astérix y Obélix, de Goscinny y Uderzo.

Creo firmemente que es un libro que debería ser de lectura obligada en las Facultades de Económicas y Empresariales. El libro explica la historia de un charlatán que llega al pueblecito galo y empieza a realizar unas predicciones terribles sobre el futuro. Lo que siempre temieron: el cielo caerá sobre sus cabezas.

Es el siglo I. Superchería, miedos, brujería, superstición No había el conocimiento que ahora hay e infundir miedos era fácil. Es más. Era rentable. Tremendamente rentable. Le dije por tanto al directivo que tuviera en cuenta que ser “tremendólogo” produce dinero. Es así. En toda la colección de Astérix y Obélix solamente hay un libro en que los romanos logran conquistar la pequeña aldea. Es en El adivino. Los pro­pios galos la abandonan debido a los malos augurios que están por venir.

Es una gran lección: la profecía que se auto cumple. Pienso que las cosas van a ir mal, me bloqueo, no invierto, detengo mi emprendimiento y como resultado las cosas van mal, exactamente como predijeron.

Le recomendé que no hiciera ni caso. ¿Signifi­ca eso que todo va a ir bien? Pues no lo sé. Nadie lo sabe. Pero sí que tengo algo por seguro. Que suceda lo que suceda, el auténtico empresario trabajará e imaginará para capearlo. Recientemente, creé una plataforma de la mano de Esade y el profesor Francesc X. Mena, Refem Empresa, Refem Catalunya. Consultamos a más de 120 directivos qué harían en caso de una declaración unilateral de independencia. No pre­tendo entrar aquí en cuestiones políticas. Sencillamente quiero compartir un dato interesante. Porque ese sí que es un escenario difícil para las empresas. La mayoría de los directivos afirmaron que cerrarían, se irían de Catalunya o reducirían inversiones y empleos (un 73% en total). Pero hubo un 16% de directivos y empresarios que respondió que le daba igual lo que la política trajese, que ellos, como personas de empresa, aprovecharían las oportunidades. Insisto, no hago una lectura política. Sencillamente, quiero subrayar que hay algo más impor­tante que cualquier predicción o catástrofe. Es la capacidad de actuar. Fue mi última respuesta a ese preocupado directivo: está usted vivo, ha llegado hasta aquí y pase lo que pase lo luchará, así que…

¿para qué escuchar a adivinos?


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