El “comó” del “qué”
LA VANGUARDIA
19 agosto, 2018

Dell EMC y Enterprise Strategy Group acaban de publicar el Estudio de Madurez de Transformación de Tecnologías de la Información de 2018 y los resultados son contundentes. Invertir en IT produce beneficios y hace más competitivo al negocio. La encuesta se realizó sobre un total de 4.000 directivos, así que la muestra es lo bastante amplia como para prestar atención a los resultados.

Vayan por delante algunos interesantes indicadores: las empresas que han completado una transformación en tecnologías de la información (IT) son 16 veces más innovadoras, son el doble de competitivas, son tremendamente más rápidas en el time to market, ocho veces más eficientes en inversiones tecnológicas y mucho más capaces de incorporar las tecnologías de la información en la estrategia.

Me interesa especialmente este último punto. En primer lugar, hay que distinguir entre transformación digital y transformación en IT. En el primer caso, una empresa trata de ser un disruptor del mercado a través de las oportunidades que brindan las tecnologías digitales (internet, smartphones, comercio electrónico…). En el segundo caso, se trata de la modernización de la infraestructura tecnológica. El negocio se transforma porque abandona su dependencia de tecnologías obsoletas y heredadas, rígidas, manuales y costosas de mantener. Y ello proporciona velocidad, eficiencia, economía de escalas y rentabilidad, ya que automatiza tareas manuales y simplifica operaciones. Se consigue así para liberar recursos y de paso alimentar otras iniciativas de transformación digital.

Sin embargo, la tecnología no es la estrategia. Y quiero insistir en ello. Las tecnologías de la información e inversiones en IT permiten transformar la cadena de valor de un negocio. Por tanto, harán más diferenciada e imbatible una ventaja competitiva determinada. Ahora bien ¿qué ventaja competitiva? Que nadie se equivoque. Disponer de tecnología superior puede ser contraproducente si las inversiones fortalecen aspectos de la empresa que no forman parte de su cadena de valor. La estrategia sigue siendo una cuestión empresarial, creativa e inteligente. A pesar de estos momentos tan tecnológicos que nos ha tocado vivir, la estrategia es el “cómo” del “qué” y no al revés. Y la tecnología o la inversión en IT es un “qué” adicional de la empresa. Sin duda uno de los más importantes porque, como el estudio de Dell y ESG demuestra, es una fuente de ventaja competitiva que se traduce en resultados. Ahora bien, tras esa inversión debe producirse una reflexión estratégica previa, puramente humana e intelectual. Y esa reflexión debe responder a las preguntas de siempre: ¿cuáles son mis mercados? ¿cuáles quiero que sean mis ventajas competitivas? ¿Tengo capacidades para ello? ¿Las valora mi mercado? ¿Son sostenibles en el tiempo? ¿Son diferenciales?

Es decir, las preguntas de siempre. La tecnología no cambiará nunca la naturaleza creativa del proceso estratégico.

 


Más artículos